Saint-Gobain presente en la evolución de los satélites espaciales

Los avances tecnológicos están atravesando las fronteras de nuestro planeta. La transformación de los grandes aparatos que han revolucionado el ecosistema aeroespacial ha impactado con gran fuerza en muchas de las industrias que hacen funcionar a un mundo completamente interconectado. Por ejemplo, las telecomunicaciones, la cultura o la información que hoy podemos recibir y compartir en todos los rincones del globo gracias a los satélites artificiales.

Desde aquel 4 de octubre del año 1957, día en que fue lanzado al espacio el Sputnik-1, primer satélite artificial de origen ruso y que cambiaría la historia iniciando la carrera espacial, estos enormes aparatos han mejorado su espectro de alcance por medio de sus nuevas formas de fabricación, haciéndolos más grandes y poderosos y con componentes de mayor resistencia. 

Hasta abril del 2020, la Union of Concerned Scientists (UCS), sitio que lleva el conteo oficial de la cantidad de satélites que orbitan la Tierra, apuntó que había un total de 2,666 en el espacio, de los cuales 1,918 estaban en órbita terrestre baja.
 

¿Para qué sirve un satélite artificial?

Los satélites artificiales pueden tener diferentes objetivos, por ejemplo:

  • De comunicación. Transmisión de telecomunicaciones.
  • Meteorológicos. Empleados para evaluar, medir y predecir condiciones climáticas de la Tierra.
  • De navegación. Son aquellos que se usan para conocer la posición precisa de algo o de alguien a tiempo real. 
  • De reconocimiento. Se utilizan en el ámbito militar o en servicios de inteligencia.
  • Astronómicos. Se fabrican para observar galaxias, planetas, asteroides u otros cuerpos celestes.
  • De energía solar. Reciben energía del Sol y la redireccionan hasta las antenas de los hogares en la Tierra.
 

Foto: Shutterstock

Paneles fotovoltaicos, opción sustentable desde el espacio

Entre los componentes de los satélites están los paneles de tecnología fotovoltaica (o paneles solares), esos enormes cuadrados que en las fotografías parecen alas y que tienen la función de absorber energía del Sol y otros cuerpos celestes para mantenerse funcionando.

Para sostener y asegurar las bisagras que absorben y dirigen la luz hacia estos paneles, es necesario usar plástico de alto rendimiento en forma de bujes, piezas fundamentales para apoyar y hacer girar un eje; para un satélite se necesitan, al menos, 140 de estas piezas conectoras. 

Estos polímeros requieren durabilidad, resistencia y ergonomía. Con esto en mente, Saint-Gobain ha llegado al espacio exterior con los bujes de fluoropolímero Rulon, proveniente de la línea Seals, la única fuente de materiales genuinos rellenos de PTFE mezclado con dicho material, el cual se usa comúnmente para aplicaciones industriales y automotrices, ya que ofrece un bajo coeficiente de fricción y tiene mucha vida útil, excelente resistencia a la abrasión, inercia química y capacidad para operar en rangos extremos de temperatura y presión. 

De esta manera, Saint-Gobain ha incursionado en la industria aeroespacial, la cual se encuentra en constante crecimiento y demanda de nuevas tecnologías y productos que mejoren la eficiencia energética mediante el uso de materiales de alto desempeño y más ligeros, y la seguridad en los equipos de transporte y el confort de los pasajeros dentro de los mismos, además de seguir siendo referente de sustentabilidad a través de soluciones innovadoras y de alto desempeño aplicadas en tecnología de eficiencia energética, como los satélites artificiales de los que hablamos en este artículo, que utilizan energía solar como fuente de funcionamiento.